17 de Noviembre


La paleta de Carlos Alonso desnuda la tragedia de la Argentina de los 70


La Nación


El artista presentó un mural de 6,30 x 2 metros, cuya realización le llevó 25 años de trabajo

* La obra, dividida en dos, destaca los contrastes sociales de una de las épocas más difíciles para el país
* Para llevarla a cabo el autor recibió asesoramiento de Guillermo Roux

Alguna vez se dijo que Carlos Alonso era un pintor necesario para la identidad de un país. Necesario por su atención y sensibilidad hacia su entorno; por su registro implacable de las vicisitudes políticas y sociales; por su paleta cargada de memoria argentina. Alonso es un artista incisivo y comprometido con la realidad, a quien su referente, Lino Enea Spilimbergo, le transmitió la fuerza del planteo estético al servicio de un interés común.
Una síntesis de este espíritu expresivo confluye en "Inauguración", el mural de 6,30 x 2 metros que desde el miércoles se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes. Fueron 25 años de digestión lenta hasta terminar esta pintura (acrílico sobre tela), que comenzó a esbozarse en su exilio madrileño en 1978, cruzó el Atlántico y se terminó en Unquillo, Córdoba, en 1995.
"Inauguración" nació como un cuadro, testigo de su tragedia personal: la desaparición de su hija Paloma, maestra jardinera, durante el último gobierno militar. Los años le agregaron imágenes, personajes, escenas, hasta transformarlo en mural. Hoy es una enorme tela en tres paños que recoge "la historia de mi exilio, donde se fijaron personajes y sucesos, amores y odios que respiré durante todos esos años", según explicó el artista a LA NACION, antes de viajar a México, en donde presentará el libro sobre su vida y obra.

Roux, el asesor
Para "Inauguración", Alonso recibió asesoramiento de Guillermo Roux. Se trata, en realidad, de dos pinturas en una. O, mejor dicho, dos realidades en pugna que trasuntan un período lacerante y brutal de nuestro pasado reciente.
El mural está dividido en dos planos por una cinta celeste y blanca, que es a su vez una divisoria tajante en lo formal de la pintura. En la parte superior, los arquetipos políticos y sociales de los setenta dan cuenta de cierto desdén en el comportamiento de una clase. Un brillo decadente, una forma de exhibicionismo y fatuidad al momento de festejar con champagne ("la conclusión de una obra que en realidad no está terminada; con suerte estén sólo los cimientos como siempre ha sucedido en nuestro país", explicó Alonso).

Abajo aparecen el caos y la paleta sombría. El amontonamiento de documentos, enseres y muebles rotos en viviendas privadas por manos dictatoriales hablan de un "inventario": "En lo privado, esto es lo que nos queda, lo que perdí, lo que tengo", explicó Alonso, que llevó la imagen de la muerte del Che en Bolivia al extremo inferior derecho de la pintura. Quizá como evocación de un fervor revolucionario, como militante comunista, postura de la que hoy se siente por demás ajeno.

El cadáver del Che, secundado por hombre de bigotes y walkie-talkies, remite también a la célebre obra de Rembrandt "La lección de anatomía del doctor Deyman" (1656), en la que el cuero del muerto evoca al Cristo de Mantenga. El guiño político y plástico es un recurso frecuente en la obra de Alonso, cuyas famosas reelaboraciones de los retratos y pinturas de Van Gogh, como también la inclusión de la figura de Spilimbergo en sus telas, son una muestra de las cavilaciones del artista al indagar en el humanismo de aquellos seres, convertidos en referentes plásticos.

"Inauguración es la biografía de mi exilio y la de muchos otros argentinos -señaló Alonso-. Lo que tiene de vital es lo que es capaz de sacar a luz y poner frente a los ojos de la mirada colectiva. La capacidad de poder revelar una identidad."

Alonso ve en esa pintura la fuerza de la memoria. Pero, sobre todo, reconoce en ella su voluntad para desentrañar temáticas nuestras, descubrir facetas colectivas e indagar de manera crítica en la realidad. Una obsesión cuyo motor es "seguir pensando en transformar el mundo en un lugar más vivible para todos".

Por Loreley Gaffoglio
De la Redacción de LA NACION

El mayor desafío

El futuro le reserva a Alonso su mayor desafío estético: la Asociación de Amigos del Teatro Nacional Cervantes lo eligió para pintar la cúpula de ese coliseo y los cordobeses le encargaron también otra cúpula, la del Teatro San Martín, de Córdoba capital. En los próximos días, en Guadalajara, Alonso buscará la inspiración -y las imágenes- que recrearán en una superficie de 30 x 20 metros la "historia de ese teatro porteño, con sus sucesos, incluido el incendio que sufrió, y sus personajes